$s, $s de $s de $s

Trafico

Este año tengo el propósito de que todo va a ser diferente. Si me conoces sabes que esto ya lo he dicho tantas veces. En estos últimos diez años, casi es el único que he querido cumplir. Cuando deseas que algunas cosas cambien y que todo vaya mejor, empiezas a construir proyectos, pero a veces ves como las oportunidades se alejan. Además sigues esos consejos tan inteligentes que le sirven a todos menos a ti. Lo peor es cuando ves que esos consejos te han costado más de lo que en realidad deseabas.
Puede que algunos creáis que os estoy intentado vender algo. Para nada, ya borré todas las opciones de negocio de este blog. No, este blog es personal. Una manera de descargar mi frustración, y sé que no soy la única que está pasando por esta situación.
Resulta que gracias a haber ahorrado un dinero, privándome casi de vivir. Decidí invertir, en algo tan beneficioso, como es sacarse el carné de conducir. Había conseguido dinero no sólo para el carné, sino también para el coche, nada ostentoso, uno de segunda, o cuarta, mano. Algo para poder ir a trabajar y tener más opciones de obtener uno mejor.
Muy dispuesta pregunté en algunas autoescuelas. Llegue a una que supuestamente era "Low cost". Lo pintaron todo tan bonito..., incluso en su publicidad decían que si no te sacabas el carné después de "x" tiempo te devolvían el dinero. Esa era la mía, esa era la autoescuela ideal. Además la matricula estaba de oferta. Genial, porque de esa manera me iba a salir el carné de conducir casi tirado de precio.
Con toda la ilusión del mundo pague. Con la perspectiva que entre los tres y seis meses siguientes estaría conduciendo y con las oportunidades de un trabajo mejor.
La teoría era un manual de conducir con muchos conceptos. En las clases teóricas todo estaba genial. Mucho más fácil que otros cursos que había dado. Eran dinámicas y sencillas de entender. Claro que había que estudiar y aplicarse, pero nada más allá de lo normal.
Fue entonces cuando comencé a escuchar el rum rum de la huelga de examinadores. Seguí estudiando y atendiendo en clase. Llego el día de subir al examen de la parte teórica del carné.
Todo genial, los resultados fueron estupendos, ni un fallo. Muy contenta me dispuse a comenzar la parte práctica del carné. Aquí es cuando la cosa comenzó a torcerse. Las clases prácticas tenías que comprarlas "online", al ir a la página conseguí una. Hablé con la mujer de la recepción y le pregunté qué podía hacer. Ella puso comentó que con la huelga de examinadores había muchos alumnos que compraban clases, y que por eso estaban los profesores ocupados. Ella me dijo que comprara varias clases ahora, pero en fechas posteriores. De tal manera que pudieras comprar una cantidad suficiente para tomar práctica. Muy dispuesta compré hasta para ir en sábado.
Los profesores que te tocaban eran diferentes en cada clase, si tenías suerte podías seleccionar. Pero la suerte y esta autoescuela es como el agua y el aceite. Resulta que cuando yo empecé las clases la plantilla de profesores cambió. Creí que iba a ser algo temporal, pero para nada, la plantilla del profesorado cambiaba más que yo de bragas. Además en esa autoescuela tienen un sistema particular de puntos subjetivo. A lo que los profesores nuevos puntuaban según lo que en aquel momento les parecía. Aquí comenzó mi Odisea de clases prácticas y profesores.
Entiendo que al principio la torpeza clásica de alguien que no ha conducido nunca puede ser algo exasperante. Cuando yo preguntaba a los profesores, ellos me decían que me faltaban horas de clase, por lo tanto práctica. Pues nada a comprar más clases. Yo seguía preguntando por mi progreso y manifestaba mis ganas de subir a dar el examen práctico. Pero nunca estaba lo suficientemente preparada.
Tras más de un año y pico, más de cien clases. Había gastado más del presupuesto inicial. Tuve que exigir para que me gestionaran el subir a examinarme de examen práctico. Gracias a la mediación de uno de los profesores subí.
Los nervios típicos de cuando haces algo por primera vez, junto con la presión económica que me había supuesto. No podía concentrarme. Intenté respirar varias veces. Yo iba a ser la primera, iba a hacer el examen. Pero cuando estoy bien colocadita se me olvidó como arrancar el coche, un p...o mini de los coj...s. El examinador muy amable me dijo que iba a dejar pasar a la otra persona que se iba a examinar y que así podría relajarme. Pues nada, creo que fue peor. Por lo que cuando me senté en el asiento del conductor y salí del sitio más complicado de todo el planeta tierra. El coche bajo una calle. No tardé ni tres minutos en suspender saltarme un stop. Aparque el coche. Mi enojo era en aquel momento más conmigo misma que con la situación.
Lo peor de mi experiencia con la autoescuela comenzó allí. Ya me habían sacado todo el dinero que pudieron. Pero me iban a sacar más, con la excusa de que había suspendido. La mujer de recepción llego a comportarse con muy poca educación. Una cretina total.
Pues nada de vuelta al bucle de clases, internet y profesores. Comencé a agobiarme, había perdido todas las ilusiones, además de mucho dinero. En el fondo pensé que todo lo que estaba pasando era con el fin de conseguir el carné. Cuando me vi preparada comencé a manifestar mi deseo de volver a subir. Pero esta vez nadie mi hizo caso, como yo seguía comprando clases pues ellos tan contentos.

Un día ya harta, fui a pedir que me subieran que iba a perder el pago de las tasas estatales y la oportunidad de subir la segunda, y última oportunidad. La mujer de la puerta me trato como si fuera imbécil e intentó venderme un pack de clases. Me dijo que había gente con más puntuación que yo y que habían quedado fuera. Me negué en redondo a comprar más clases, es más hice que me devolvieran el dinero de las clases ya adquiridas. Estaba enojadísima. ¿Cómo eran capaces de estar robándome tan descaradamente? Además tratándome de aquella manera.
Pedí mi expediente, no los mande de palabra a la mierda, pero poco me faltó. No entendía como era posible que con más de cien clases, según ellos, me faltaban horas de clase. En mi familia se me llegó a plantear si yo no tenía las capacidades suficientes para la conducción. Pero si fuera así no habría obtenido el certificado médico, o alguien me hubiera comentado que iba a ser imposible que me lo saque.
Pregunté en otra autoescuela para ver si ellos podían subirme antes de que se me pase el plazo de las tasas. Pero no sólo me cobraban la matricula, sino que además tenía que dar algunas clases con ellos.
Llegué a casa con tal enojo que al final decidí ir a un abogado conocido a preguntarle qué podía hacer en aquella situación. Él me escuchó pacientemente, pero no era un delito venderte clases y más clases, no era una estafa, aunque yo me sintiera estafada. Me puso un símil muy simple: "Las autoescuelas son como las academias de idiomas, aunque seas una patata en el tema van a seguir vendiéndote clases es su beneficio. Hay gente que nunca hablará ni entenderá el idiomas, por muchas horas que este en la academia".
Al final lo único que se podía hacer era poner una reclamación en la asociación de consumidores. Con lo cual tuve que volver y pedir las hojas de reclamaciones correspondientes. Cuando fui a la asociación y me dijeron que tenía que hablar con la jefa de la empresa antes de poder poner la reclamación. Estaba tan cansada de aquella gente. Resulta que la directora, se sorprendió, porque yo era la primera persona que le ponía una reclamación.
Al explicarle la situación con la estúpida de la recepcionista y que yo deseaba subir. Al final hablando tuve que ceder, ya que no me quedaba otra que seguir en aquella autoescuela para poder subir antes de que se pasara la segunda oportunidad sin pagar más. Ella "mágicamente" pudo darme una plaza para subir, el dije que había perdido una hora de clase y me regalo una clase práctica.
Cuando subí iba desganada, había surgido un problemilla familiar que se me juntó con todo lo anterior. Además de que la examinadora se notaba que era amiguita de la de la autoescuela. Estoy tan harta de esa gente que no me importó. Suspendí. Me quedé sin el carné, sin el coche y sin las oportunidades de nuevo trabajo.

Lo gracioso es que hace unas semanas se les ocurre volver a llamarme para ver si quiero comprar más clases. Le canté las cuarenta. Seguro que no se le ocurre volver a llamarme.


Publicado por rebekaplata @ 22:04
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